Soy una mujer cuarentona y gorda para los actuales parámetros de la moda, pero disfruto de mis curvas ampulosas, de mis pechos plenos, de mi culo opulento y los hombres que han estado conmigo también. Si bien es cierto, que me fascina el sexo, también es cierto que no me conformo con cualquier cosa, por eso cuando salí de mi último marido y quedé sola con dos muchachos pre- adolescentes, comencé a preocuparme por mi futuro sexual, las exigencias estéticas de esta época no van de acuerdo con las divinas gordas desnudas de Botero, el pintor que exalta la gordura. Así que, después de dos meses sin sexo, el panorama se presentaba desolador.
Me gusta andar casi desnuda por la casa, cuando llego del trabajo y estoy sola, sólo visto mis pantys llenas de encajes, dejo mis tetas gozosas al aire para que no les caiga moho, ja,ja,ja. Una tarde, después del trabajo, estaba en el pequeño balcón de mi cuarto y miré a la ventana de la casa del frente donde vivía una familia recién mudada. La pareja tenía dos hijos varones, igual que yo, pero eran más grandes, uno como de veinte, porque ya estaba en la universidad y otro como de 16 o 17, porque usaba la camisa beige de la última etapa de bachillerato. Ella casi nunca estaba en casa, era aeromoza, él trabajaba todo el día, llegaba tarde en la noche. Los muchachos estaban prácticamente solos.
En la ventana estaba el muchacho de 16, alto, delgado con los músculos jóvenes, el negro cabello largo alborotado, solo vestía un bóxer negro, me miraba fijamente, mi primer impulso fue cubrirme, pero después pensé en por qué me miraba de esa forma, me perturbó, pero acepté el reto, me quedé un rato más en el balconcito, limpiando las macetas de la maleza. Él se retiró un poco de la ventana pero no dejó de mirarme, entonces me venció, decidí meterme al cuarto mientras él seguía mirándome.
El resto de la tarde transcurrió con total normalidad, atendí a mis hijos, los llevé a sus actividades, les di de cenar y al acostarlos me liberé y pude volver a disfrutar de mi desnudez, desde la experiencia de la tarde estaba caliente. Sin saber por qué, en vez de cerrar las cortinas del cuarto las abrí completamente, la gran ventana panorámica que daba al balconcito, mostraba todo el interior de mi cuarto, iluminado levemente por una lámpara de mesa, además yo podía ver la ventana donde pillé al mirón de mi vecinito, me puse mi negligé más sexy, grande, blanco con un suave encaje negro y me arrellané en mi cama a fumarme un cigarrillo de menta mientras buscaba en la portátil algo bueno que hacer en Internet.
Encontré un chat caliente interesante y me pegué allí, la cosa se estaba poniendo caliente, me saqué las tetas y me acaricié los pezones, mientras seguía chateando, de repente sentí la mirada del muchachito mirón, inmediatamente cambié de posición y me puse frente a la ventana, con mis pezones parados al aire, más caliente por su presencia que por el chat. Él seguía en bóxers, pero en ese momento eran blancos, le quedaban ajustados, y dejaban ver un buen bulto adelante y un buen culo por detrás. El muchacho se paró irreverentemente frente a mí, encendió un cigarrillo y comenzó a fumarlo despacio. Aspiraba una bocanada, expulsaba el humo y se acariciaba el miembro lentamente, casi con pereza, mirándome, siempre mirándome.
Me calenté aun más, pero no aparté la portátil, era mi escudo y mi excusa para acariciarme los pechos así, para tomar una de mis grandes tetas y llevarme mi pezón duro y grande a la boca y me lo lamía y me lo chupaba, mientras él me miraba, fumaba y se acariciaba el bulto que crecía cada vez más, yo estaba que reventaba de ganas de que el muchacho estuviera allí conmigo en la cama, tan lejos y tan cerca. Cuando su bulto se puso más grande las luces de un carro iluminaron el garaje de su casa, el muchacho apartó su mirada por primera vez, apagó el cigarrillo y se apartó de la ventana. Lo lamenté realmente, pero allí mismo con las ventanas abiertas terminé de masturbarme, mi raja estaba caliente y muy mojada ese vecinito se las traía.
A la mañana siguiente amaneció lloviendo, cuando estaba llevando a los niños a la escuela, vi al vecinito mirón, caminaba bajo la lluvia, me detuve sin pensarlo mucho, mi hijo de once años iba en el asiento a mi lado, así que él tuvo que sentarse en el asiento de atrás con mi otro hijo de 9 años. Saludó corte, pero fríamente y le sonrió a mi hijo menor mientras me miraba fijamente por el retrovisor, yo recordé la placentera corrida que tuve en la noche, me ruboricé y no pude evitar sonreír, entonces él sonrió con sus dientes blancos y parejitos.
Dejamos a los niños en la escuela, él se pasó para el asiento de adelante, no pude evitar ver su bulto que se notaba a pesar de que sus pantalones eran anchos.
* ¿A dónde te llevo?
* Podemos ir a tu casa si quieres.
Me respondió rápido, sin mirarme, a la expectativa. Yo me quedé muda, no podía pensar rápido, el deseo y las ganas que tenía de agarrar su bulto no me dejaban pensar lógicamente rodé una cuadra más y él puso su mano en mi pierna, el calor traspasaba la tela de mi falda. La idea de tener sexo con un muchacho tan joven, me perturbaba removiendo mis razones, podría ser mi hijo, pero no lo era. Qué pasaría si una mujer mayor hiciera eso con alguno de mis hijos en su momento.
* ¿Cuántos años tienes? –Pregunté con la voz ronca
* La semana pasada cumplí 18 años, pero soy virgen y tu me gustas mucho, me encantan tus tetas, tu culo, toda tu.
Volvió a contestar rápido, pero subió un poco la mano levantando mi falda. Bueno por lo menos era mayor de edad, así que no violaría la ley. En la siguiente esquina di la vuelta, sin mirar atrás me dirigí a mi casa, al llegar salimos rápido del carro y nos metimos a la cocina, me serví café y le ofrecí, él aceptó. Tomé una botella de ron y le eché un chorro a mi café, necesitaba valor, él arrimó su taza, también quería ron, lo pensé por nos instantes y también le di. Mientras nos tomábamos el café encendí uno de mis cigarrillos mentolados, él encendió uno de sus cigarrillos largos.
* No deberías fumar.
* No me hables como mi mama, yo quiero que tú seas otra cosa.
Dijo acercándose a mí por detrás, me abrazó y me agarró una de las tetas mientras me besaba el cuello.
* Te gusta andar desnuda en la casa ¿Por qué no te desnudas?
Me preguntó quitándose la franela, luego me quito el sweater y me desabrochó el sostén, yo me lo terminé de quitar. Pegó su fuerte pecho a mi espalda desnuda mientras con una mano me acariciaba una teta y con la otra me subía la falda. Me tomé el resto del café de un solo trago, apagué la colilla del cigarrillo y me voltee, pegándome a él, nos besamos con la pasión propia de los dieciocho años, aunque yo tenía cuarenta y tantos. Su aliento lleno de cigarrillo, café y ron me invitaban a besarlo más y más apasionadamente. El me agarraba las tetas, con una deliciosa torpeza.
No quería terminar mal cogida en la cocina, como en los clichés de las pornopelículas, así que me lo quité de encima con cierta resistencia, le acaricié los pectorales firmes, las tetillas rosaditas y endurecidas, los abdominales planos y definidos, era lampiño, pero desde su ombligo salía una tupida mata de pelo negro que se perdía en el borde del bóxer CK que sobresalía del pantalón del uniforme, su bulto trataba de romper el cierre del pantalón, sonreí con lujuria, todo ese paquete era para mi, mi propio paquete virgen. Él me besó nuevamente, metiendo la mano por debajo de la falda, le saqué la mano y la tomé para guiarlo por las escaleras hasta mi cuarto.
Mientras subíamos, manoseaba con firmeza mi gran culo por debajo de la falda, eso me calentó tanto que mi raja se humedeció a mares, él lo notó, cuando entramos al cuarto mis ganas estaban a millón, nos besamos, sin percatarme si la ventana estaba abierta o no, le abrí el cierre dejando su gran falo aire, tenía la verga más grande de lo que había imaginado, eran más de 20 cm, estaba segura. No pude resistirme más lo tiré sobre la cama, sin quitarle por completo el pantalón, necesitaba desvirgar el lindo vecinito ya quería sentir su gran paquete caliente dentro de mi.
Me quité las pantys, las tiré por ahí y me coloqué a horcajadas sobre mi potrillo virgen sin quitarme la falda, él me recibió tomando con fuerza mis tetas. Tenía los labios húmedos e hinchados, estaba rojo y con la mirada febril, me miraba con susto y deseo. Tomé su verga grande, dura y caliente y me la metí con fuerza mirándolo. Entro sin problemas, yo estaba muy mojada, él se mordió los labios y me apretó las tetas, me quedé unos segundos sintiendo ese rico webo nuevecito dentro de mi.
Entonces lo besé con la misma pasión de antes, mientras él se gozaba mis tetas me moví despacito, nos mirábamos fijamente observando nuestras reacciones, él también se movía con la misma velocidad, poco a poco nuestro ritmo se fue acelerando, hasta que nuestros movimientos se hicieron frenéticos y nuestros jadeos traspasaban el silencio del vecindario en la mañana, acabé primero que él, pero no se lo demostré, total, no me costaba nada volver a calentarme, unos minutos después él se arqueó con todo mi peso encima, me agarró duro las nalgas y terminó en medio de un gran grito, sentí su leche caliente penetrar a raudales en mi interior, me quise bajar, pero él me lo impidió.
* Quédate, quiero sentir como tu totona golosa se toma toda mi leche.
Me dijo travieso, esperé hasta que su verga se encogió en mi interior, luego me acosté perezosa en mi cama king size, él se limpió la verga con una toalla que encontró, se terminó de desnudar y levantó mi falda para observar mi totona, mantenía los alrededores de la raja depilados y un triangulo de pelos en mi monte de Venus rellenito. Me abrió las piernas, mi raja estaba mojada por su leche y por mis jugos, sentía los labios de mi vulva gruesos y calientes. Él pasó un dedo sin presionar, luego se lo llevó a la boca observándome, lo saboreó curioso, luego volvió a pasar su dedo presionando un poco más, eso me produjo un corrientazo, dirigió su dedo hacia mi boca, lo chupé con ganas, la mezcla sabía bien.
Entonces sin avisarme metió su cara en mi totona. ¡UUUFFFF! Que rico sentir su lengua virgen abriéndose paso entre mis gruesos y cerrados labios, primero la lamió chupando todos los fluidos que salían de ella, luego me besó entre el hueco de mi culo y mi raja, eso me puso a mil arrancándome un profundo gemido, entonces tomé mi vulva con mi manos y me abrí.
Después se tomó la otra mitad de la cerveza y me metió su verga dura y caliente por mi totona mojada, lo hizo de una vez, agarrando mis caderas con fuerza, amasándome las tetas con firmeza, me daba con tanta fuerza que el ruido de sus bolas chocando contra mi culo a veces apagaba el sonido de nuestros gemidos, yo me calentaba todavía más pensando que su hermano se pajeaba observándonos, me sentí culpable.
* Pégame una nalgada. –Le ordené
Él me obedeció y no me pegó una si no tres, mientras terminábamos mojando mis piernas de nuestros jugos, él apretó mis tetas con más fuerza y me indicó que me acostara sin sacarme el webo. Sentir como su webo se encogía me ponía más caliente, pero ya el tiempo se estaba acabando para nosotros, debíamos volver a nuestras vidas normales.