Me llamo Silvia y voy a relatar brevemente una historia de amor, salud, vida y goce. Tengo 24 años y dicen que estoy de buen ver, 1.70 de estatura, 100 de pecho, 63 de cintura y 98 de cadera, rubia, elegante, culta, estudié en la Universidad y me gusta vivir la vida pero a mis 24 años, la vida enseña cada día, descubrí que es importante liberarse de tabues, desinibirse, liberarse en todo, incluso sexo sin tabúes.
Vivo en Madrid y hace unos meses, por internet, conocí un chico maravilloso. Acabamos enamorados y, lo clásico, establecimos una cita amorosa pero con la certaza, ambos de que acabaría en cita sexual también.
Este chico, ejemplo de superación, había tenido un accidente de moto dos años atrás lo cual le produjo una lesión en la espalda, una pequeña cojera y ciertas dificultades de erección que él me había comentado, aunque yo estaba dispuesta al encuentro.
Tengo que decir que el encuentro fue de lo más gozoso sexualmente que ningún chico me dio. A la ternura y delicadeza, siguió una sesión de sexo-amor muy intensa con varios orgasmos en una tarde a cual más placentero.
Me confesó que previamente se había aplicado Penix Active, una crema que potencia la erección y hace más placentero el orgasmo. Vaya si la potencia. Con mimo, con suavidad su pene fue poniéndose duro, me sedujo, me desnudó, lo hizo él y me hizo la penetración más placentera que ningún chico me había hecho. Tuvimos orgasmo al mismo tiempo y su semen caliente acabó por provocarme la mayor sensación de placer que duró hasta que vació su última gota. Mi sorpresa es que, al poco rato ya volvía a estar en forma, digamos, me pidió que me aplicara en la vagina una crema orgásmica que facilitó mi excitación y una nueva penetración con dos orgasmos placenteros que me entrecortaban la respiración con mis jadeos intensos y profundos.
Luego, abrazados, desnudos, en el hotelito, nos dormimos una siesta y nos despertamos besándonos amorosamente. Como última sorpresa tenía un consolador de latex en color fresa semitrasparente, con estrías imitando el pene y un estimulador del clítoris que me aplicó en mi vagina después de seducirme nuevamente con cariño, amor, pasión y ternura
He de confesar con sinceridad, que me costó asumir el consolador, por mi educación, pero tengo que reconocer que fue el juguete sexual que me hizo comprender que hay que vivir el sexo sin tabúes, dejándose llevar y amar. El placer que experimenté con su vibración en mis tetas, mi cuello, mi barriguita, mi pelvis y finalmente la penetración hizo que nuevamente jadeara en otro intenso orgasmo pleno de placer, goce, amor y satisfacción.
Aquí viene la lección: vivir, superar tabúes, vivir el sexo sin tabúes, gozar de la amistad, no infravaloreis a nadie, tened sexo con sexo y a Daniel, así se llama, gracias, mil gracias por abrirme los ojos a un nuevo mundo bajo una nueva perspetiva y gracias también a la tienda erótica, permitidme que la cite, sexshop10.es, que pone a nuestro alcance el goce y la liberación. Vivid¡¡¡ Os lo aconseja una nueva liberada. Besos a todos y a todas, especialmente a ti Daniel, mi novio.